Moverse, crear, servir
Una conversación con Kevin Davey sobre Cold IPA, oficio y futuro
A veces una se mueve de país, de estilo o de idea.
A veces se mueve una estantería entera. Y a veces, cuando el momento es el correcto, se mueve una categoría completa de cerveza. Así pasó con la Cold IPA. Un estilo joven, híbrido, sin manual oficial, que de pronto pasa de boca en boca... aunque no siempre se entienda bien. He probado una Cold IPA en Capetwon, en Buenos Aires y en España…definitivamente se mueve.
Conocí a Kevin Davey en Cracovia, Polonia, donde dio una charla brillante sobre este estilo. Pero ya había probado sus cervezas antes, unos meses atrás, en Estados Unidos de mano de Lisa Allen. Una cena con amigos, compartiendo cervezas y como siempre me llamó la atención que había técnica, sí, pero también historia. Que la idea no era buscar una rareza para cerveceros, sino una cerveza pensada para el público. Para servir. Para compartir. Para beber con gusto y volver a pedir otra.
La Cold IPA, contada por Kevin, es una historia de precisión y libertad al mismo tiempo. Es una IPA fermentada con levadura lager, rápida, seca, clara. Un lienzo técnico para que el lúpulo se exprese sin peso, sin caramelos, sin excusas. Pero también es un estilo que se puede malentender fácil. Como dijo él en su charla, muchas veces se hace una Cold IPA que “no es ni cold, ni IPA”. A veces se pierde el alma.
Kevin habla de forma cercana. Como alguien que cree en la cerveza como espacio de encuentro, no como categoría de consumo. Me pareció refrescante, en un mundo donde muchas veces nos enredamos en tecnicismos, volver al origen: una cerveza rica, seca, aromática, que se pueda tomar de a pintas, sin dejar de ser interesante.
Su mirada sobre el futuro de la cerveza es realista, pero no cínica. Dice que sí, que la gente está bebiendo menos. Pero también dice que está dispuesta a pagar más por lo que vale la pena. Que los bares no van a desaparecer mientras sigamos necesitando el cuerpo del otro, el brindis, el rato compartido. Que el scroll solitario no puede competir con una buena pinta después del trabajo. Y que si hay algo que merece volver, es eso.
“Nosotros, las cerveceras pequeñas, somos quienes traemos la fiesta. Somos el lugar donde la gente socializa. La pinta después del trabajo. La cerveza no va a desaparecer. No mientras sigamos siendo humanos.”
Me quedé pensando en eso.
En cuánto se habla de tendencias, márgenes, estilos “vendibles”, y qué poco nos preguntamos qué tipo de vínculo queremos con quien se toma nuestra cerveza. Kevin lo tiene claro. Su nueva etapa, junto a Lisa en Gold Dot Beer, no es solo una jugada empresarial: es un intento de crear desde otro lugar. Un proyecto donde la historia, el legado y la experimentación conviven sin ansiedad.
Y ahí está la lección: podés moverte hasta la otra punta del mundo, podés cambiar de estilo, de equipo, de rumbo… pero si seguís conectado con la gente, con el servicio, con la parte viva de la cerveza, siempre vas a tener una historia que vale la pena contar. La cerveza, como la vida, no es para mirar desde afuera. Es para estar dentro.
Gracias Kevin, por recordarnos que la cerveza no es para pensarla sola, sino para compartirla.
Gracias, cerveza, por movernos.
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Cita original en inglés (por si querés compartirla completa):
“I think everyone is quite nervous because people are ‘drinking less’, but honestly I think they are spending nearly the same amount of money on alcohol (and beer) as previous generations, but are choosing to buy ‘less, more expensive’. I think this could be wildly good for producers who focus on high-quality products, but probably bad for big business. That said, we’re the ones (small, craft breweries) that bring the party. We’re the spots you go to socialize with your friends. We’re the ‘after a hard day’s work’ spot. Beer isn’t going anywhere. Not unless robots can take away our hard labor. [...] What makes us most human is our social interaction in real time. That can, must and will come back, and with it, beer too.”


